15 mayo 2016

RINGO



Cada día repartía su tiempo entre la ventana del cuarto de estar y el dormitorio de Maribel. Cuando ella iba al consultorio o a comprar, él se colocaba en el alfeizar protegido por el doble cristal hasta que ella volvía. El movimiento de su cabeza, la elevación de las orejas y la expresión de sus ojos parecían jugar al te sigo me sigues con la señora de caminar torpe que entraba en la carnicería de enfrente; el abuelo que cogía a su nieto de la mano para que no echara a correr; el chico de pelo en punta que pasaba en un monopatín; las dos adolescentes vestidas con ropa de deporte de marca que hablaban fuerte y reían todo el rato.
Desde hace días, Ringo pasa las mañanas y las tardes en la ventana. Los vecinos dicen que llora por las noches.
Hoy, un sobrino, el que Maribel designó tiempo atrás como su heredero, ha ido a la casa. En la bolsa mordida de lona verde ha metido un hueso de cartílago, una bola de tenis, un pato de goma y el cepillo de púas de metal. También ha metido el camisón rosa sobre el que Ringo ha dormido desde que Maribel no volvió. Con el arnés y la correa puestos han salido a la calle. Ringo mueve el rabo, olisquea y orina en los mismos sitios de siempre. Minutos después los dos se difuminan camino de otro barrio, mientras en los cristales de la ventana del cuarto de estar queda pegado un cartel de se vende.
MJ-Guallart

Código de registro: 1605157637353


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