08 mayo 2016

REGRESO A DAKAR


Miércoles, 3 de febrero de 2009.
Madrid-Dakar.
11: 00 horas A.M.
Yo, Ibrahima Ndhao, regreso a Senegal.  Hace una hora que el avión ha despegado del aeropuerto. Me siento solo entre tantos asientos azules que no están vacíos. Mi asiento es el de la ventanilla y en los dos asientos contiguos al mío un niño blanco y su madre, también blanca, duermen. El silencio sordo del zumbido del avión se ha roto cuando la azafata me ha ofrecido un zumo de naranja. Sonríe continuamente y el color de su piel contrasta con el tono marfil del uniforme.  La película del monitor no capta mi atención y el comandante avisa que sobrevolamos el océano. El mismo océano que hace cuatro años. Al mirar por la ventanilla viene a mi mente imágenes lejanas: la patera a la deriva por falta de combustible, la guardia costera española, nuestro rescate cuando estábamos cerca de las Islas Canarias. Nosotros sin saber de la cercanía a yerra.

12:00 horas A.M.
Todavía quedan tres horas vuelo. Debido a las turbulencias el niño blanco se ha despertado. Gimotea. Pregunta cuánto falta para llegar. La misma pregunta que me he hecho yo durante estos últimos cuatro años de búsqueda de trabajo, de vender cedés, de conversaciones telefónicas con mi madre y con Mara, mi novia. Dentro de quince días nuestros padres irán a la Mezquita para formalizar el casamiento. No haremos fiesta, no hay dinero suficiente pero estoy contento porque mi madre ya no tiene que utilizar velas para iluminar la casa. Con el dinero que he ido enviando ha instalado luz eléctrica, un frigorífico y el televisor. En cuando llegue cambiaré el suelo de tierra por uno de madera, pintaré la casa, arreglaré  mi habitación donde vamos a vivir Mara y yo. Estoy ansioso por verla.  Ella no sabe que llego hoy.
Se acerca la azafata con su sonrisa y me pregunta qué voy a comer.

14:30 horas
Me quedado dormido después de la comida. La  voz del comandante por los altavoces comunica que quedan treinta minutos para aterrizar. Un letrero luminoso da la orden de abrocharnos el cinturón. La azafata de la sonrisa va por el pasillo comprobando que lo hemos hecho correctamente. Treinta minutos y pisaré Dakar. En el aeropuerto me espera mis hermanos. Me inquieta el encuentro con ellos, deseo abrazarles,  deseo llegar a Mbour, mi ciudad, de donde salí siendo pescador, hoy regreso convertido en campesino.

Miércoles 5 de abril de 2009.
Dakar-Madrid
17:20 horas.
Todo ha sucedido como en un sueño. El encuentro con mis hermanos fundidos en un largo e intenso abrazo contenido por la fuerza para no llorar.  Mi madre gritos y saltos a la vez, levantó los brazos al cielo, después hacia adelante para acogerme a la vez que daba gracias a  Alá. Mi novia se quedó como si viera un fantasma, después lloró de alegría colgada de mi cuello. Mi padre posó sus brazos sobre mis hombros y en su mirada vi la satisfacción que sentía. Los vecinos me dieron la bienvenida.
Mara y yo nos casamos quince días después de mi llegada, tal y como estaba previsto. Aún pudimos hacer una pequeña fiesta en la que todos estuvieron contentos y felices. Ella parecía una princesa. He sido feliz estos meses viviendo junto a mi mujer y a mi madre.  Sé que mi padre y mis hermanos están orgullosos de mí. Dispongo de pasaporte nuevo y un visado para el contrato de trabajo. Los días han pasado tan deprisa que hoy he llorado al despedirme. En el aeropuerto ya no había vuelta atrás. Al cruzar la puerta de embarque he vuelto la vista por última vez. Entre Mara y yo hemos cruzado una mirada cargada de complicidad. Nadie sabe que volveré dentro de nueve meses para conocer a mi hijo.
 MJGuallart
Código de registro: 1605087459421

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