18 febrero 2016

Antes de pasar la tarjeta




A las seis de mañana sonó el despertador. Osmaida salió de la cama de un salto. La luz de las farolas de la calle era suficiente para iluminar la habitación sin necesidad de encender el aparato de la mesilla. Aún no había amanecido. Abrió la ventana para ventilar la habitación mientras se aseaba. Desnuda, con pasos rápidos, se dirigió al cuarto de baño.
Cuarenta y cinco minutos para coger el autobús. Era su primer día de trabajo y quería llegar antes de la hora de entrada. Los dos últimos años había estado sin trabajo, había consumido sus ingresos, solo le quedaba el subsidio de desempleo. Realquiló una de las habitaciones de la casa para poder pagar el alquiler. Ahora tenía un contrato indefinido gracias a la directora del hotel, a cuya casa había ido a limpiar. Tras enjabonarse el cuerpo, se aplicó la alcachofa bajo la nuca para aclararse y evitar mojarse el pelo. La sensación del agua caliente arrastrando el jabón era cómo si se llevase todos los miasmas acumulados durante el tiempo que había estado sin trabajar. Cinco minutos después salió de la ducha. Se secó con movimientos enérgicos. No podía desperdiciar ni un segundo. Frente al espejo, se aplicó la crema hidrante, un poco de maquillaje, una raya negra en los párpados y un poco de máscara negra en las pestañas. En el dormitorio se puso la ropa que había dejado preparada la noche anterior sobre la silla: ropa interior marrón, medias finas, zapato oscuro de medio tacón y el traje de chaqueta del hotel donde iba a trabajar.
A las seis quince se cepilló el pelo que recogió atrás en una coleta. Se miró en el espejo y se regaló una sonrisa. Aún no había desayunado.
A las seis treinta y cinco cogió el bolso a juego con los zapatos. Se lo colocó al cruzado. En el recibidor. En recibidor, cogió del perchero una parka marrón de cremallera y una bolsa de lona que contenía unas zapatillas y un delantal. Cerró la puerta de casa despacio para que no sonaran los resbalones. Tomó el ascensor y en la calle a paso ligero se dirigió hacia la parada del autobús. La humedad de la mañana le recordó su último día trabajo y sonrió para sí. Vio que el autobús que debía coger iba hacia la parada. Solo le quedaban unos pasos para llegar. Echó a correr. Algo no encajaba. Algo estaba donde no debía estar. El vaivén de sus brazos zarandeaba la bolsa de lona. Eso era. La había cogido como todas aquellas mañanas tiempo atrás.
Fue la última en subir al autobús. Antes de pasar la tarjeta por el lector se volvió hacia la puerta que aún no se había cerrado del todo. El espacio que quedaba fue suficiente para lanzar la bolsa al vacío.
MJG
Código de registro: 1602166597746

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