08 mayo 2013

EFECTOS SECUNDARIOS


Registro SafeCreative
Código: 1305085076759

Me vi en la calle con la boca dormida y una erección del carajo. Quise avisarle, pero ella no me dejó.
-Tonterías -dijo- la anestesia en estos tiempos no da ningún problema. El gesto que hizo con la mano fue tan claro que me senté en el sillón.
Me había despertado de madrugada con un dolor de muelas que me jodió el día. Mi rancho está a dos horas de la ciudad por la sesenta y nueve del condado, así que a las siete de la mañana puse en marcha la camioneta camino de Carson City. El sol caía a plomo, pero el dolor solo me dejaba pensar en que me quitaran la muela. A las nueve estacioné en Park Avenue y recorrí a pie dos calles hacia el Sur donde se encontraba la consulta de la puta sacamuelas, que mejor hubiera sido que el capataz me la hubiera arrancado con las tenazas para herrar los caballos.
-Doctora, tengo problemas con la anestesia. -insistí antes de abrir la boca.
-Tonterías, repitió y como una autómata extendió sobre mi pecho la bandeja de instrumentos. Encendió el foco y cargó la jeringuilla,
-Abra la boca.
Pinchó en la encía donde dejó una pequeña carga de líquido, después en el paladar y soltó otra carga y dio un tercer pinchazo. En aquel punto mi polla amenazaba con romper la cremallera.
-Vamos a esperar un poco para que se duerma bien.
-Doctora que...mi...
-No hable. Tranquilo hombre, que enseguida se va a dormir.
Me dolían lo huevos. Deslicé una mano hacia la bragueta para abrir la cremallera y colocármela de forma que no se notara la erección.
-Qué hace, guarro. Fuera, fuera de aquí ahora mismo, asqueroso. Retiró la bandeja rápidamente y sin elevar el respaldo del sillón me obligo a levantarme. La muy cabrona había puesto en marcha la turbina y me amenazaba con ella.
- He dicho fuera.
No se si por la rabia o por el miedo acumulado en sus ancas de yegua seca, tenía la cara congestionada. Salí a la calle con la boca dormida y la entrepierna mas despierta que nunca. Regresé a la camioneta y dejé la ciudad. A los pocos kilómetros vi un burdel de carretera. Por lo menos echaría un polvo. No tenía muy buena pinta pero sería suficiente para aplacar mi necesidad. La madame de aquel antro, una mujer sudorosa, entrada en años y en carnes, se abanicaba, no se si para refrescarse o para espantar las moscas. Llamó a una de sus chicas en cuanto me vio entrar. Una figura se deslizó detrás de la cortina de terciopelo rojo que tapaba el pasillo. No era joven pero en mi situación solo me importaba una cosa. Entramos en la habitación del fondo. El olor a barniz rancio de la madera se mezclo con el perfume espeso de la chica cuando se quitó la bata. Se tumbó en la cama mostrando un cuerpo flácido y unas tetas desparramadas hacia los lados. Yo me quitaba la ropa.
-Acércate guapo, que te voy a hacer un trabajo que no lo vas a olvidar en la vida, dijo con voz rasposa. Y entonces le vi los dientes picados. Le faltaba uno. Aquello me dejo frió y la polla se desinfló como un globo. Me vestí para salir, pero en el pasillo esperaba la madame, que al oír los gritos de la chica pidiendo que le pagara, se había apostado para impedirme el paso.
-Los veinte pavos.
-Ahí tienes tus putos pavos y lleva a esa chica al dentista, da asco.
El sol me cegó al salir y no pude ver la camioneta, pero ya adaptado a la luz del día, comprobé con amargura que mi vehículo no estaba. Llamé a la puerta del burdel, y conforme pasaban los minuto sin que nadie abriera, no me quedó mas remedio que emprender el camino a pie por la sesenta y nueve del condado. El dolor de muelas había vuelto, sudaba como un cerdo y temía lo peor en aquella carretera solitaria en medio de tierra roja y seca. No se cómo llegué a casa. El capataz me encontró tirado en el suelo todavía inconsciente. Me dijo que vio detenerse una camioneta que soltaba un fardo, para arrancar a continuación a toda velocidad.
De esto hace unos días. Hoy me recupero de la borrachera de whisky y de la hemorragia que he tenido después de quitarme la muela el capataz.
***

No hay comentarios:

Publicar un comentario