10 agosto 2010

EL UNGÜENTO

Los ojos de Raul regresaron a sus cuencas después de haberse paseado, llenos de curiosidad, entre los dedos de la mano. Sentado en el sofá tosía como un perro.
El tarro del Ungüento del Tigre abierto sobre la mesa, esparcía un intenso olor picante por la habitación. En la superficie de la crema que contenía el tarro, se adivinaba una ligera huella dactilar.
─No lo toques. Es muy fuerte ─le advirtió su madre desde la puerta, cuando entró en el salón con un vaso de leche caliente, pendiente de la abuela que le seguía enumerando una larga lista de aplicaciones y alivios rápidos sin efectos secundarios del ungüento.
Con los labios mas abultados de lo normal y de un rojo intenso, Raul, con voz ronca, dijo:
─ ¿Qué pasa si te lo das en la boca?
Coque©agosto 2010